Defender la Verdad

 

Tarde, 24 de junio de 2022
 
“Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron y dijeron al rey: Nabucodonosor, no nos preocupamos de responderte sobre este asunto. Y si no, sépalo tú, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni adoraremos la estatua de oro que tú has levantado.”—Daniel 3:16, 18
 
La narración del coraje varonil y la maravillosa liberación de los tres santos niños, o más bien campeones, está bien calculada para excitar en las mentes de los creyentes firmeza y constancia en defender la verdad en los dientes de la tiranía y en las mismas fauces de la muerte.
 
Aprendan especialmente los jóvenes cristianos de su ejemplo, tanto en materia de fe en la religión como en materia de rectitud en los negocios, a no sacrificar nunca su conciencia. Pierde todo antes que perder tu integridad, y cuando todo lo demás se haya ido, mantén una conciencia limpia como la joya más rara que puede adornar el pecho de un mortal.
 
No se guíe por el fuego fatuo de la política, sino por la estrella polar de la autoridad divina. Siga la derecha en todos los peligros. Cuando no veas ninguna ventaja presente, camina por fe y no por vista.
 
Hágale a Dios el honor de confiar en él cuando se trata de asuntos de pérdida por el bien de los principios. ¡Mira si será tu deudor! Fíjense si ni siquiera en esta vida prueba su palabra de que “la piedad acompañada de contentamiento es gran ganancia”, y que los que “buscan primeramente el reino de Dios y su justicia, recibirán todas estas cosas por añadidura”.
 
Si sucediera que, en la providencia de Dios, eres un perdedor por conciencia, encontrarás que si el Señor no te paga con la plata de la prosperidad terrenal, cumplirá su promesa con el oro del gozo espiritual.
 
Recuerda que la vida de un hombre no consiste en la abundancia de lo que posee. Llevar un espíritu cándido, tener un corazón libre de ofensas, tener el favor y la sonrisa de Dios, son mayores riquezas que las que podrían producir las minas de Ofir, o que el tráfico de Tiro podría ganar.
 
“Mejor es una comida de hierbas donde hay amor, que un buey estabulado y contienda interior con él”. Una onza de tranquilidad vale una tonelada de oro.

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